Los chakras: puentes de luz entre el cielo, la tierra y el ser humano

Hablar de los chakras es abordar una de las realidades más profundas y fascinantes de la anatomía sagrada del ser humano. Aunque hoy en día la palabra está muy extendida, a menudo se la reduce a una idea simplificada, casi decorativa, separada de su verdadera profundidad.

Sin embargo, en las grandes tradiciones espirituales de Oriente, entre los antiguos egipcios, entre los iniciados esenios y en ciertos enfoques esotéricos occidentales, los chakras no son ni una abstracción ni una simple imagen simbólica. Son grandes centros de energía, verdaderos lugares de intercambio, regulación y comunicación entre los distintos niveles del ser.

A través de ellos, el ser humano no solo recibe la energía vital: la organiza, la transforma y la expresa. Los chakras revelan, sostienen, transmiten y armonizan. Son al mismo tiempo ruedas, flores, lámparas, altares y puertas de conciencia.

¿Qué significa la palabra chakra?

La palabra chakra proviene del sánscrito y significa literalmente rueda. Esta imagen no tiene nada de trivial. Evoca el movimiento, la rotación, la circulación, el dinamismo de un centro vivo que pone una fuerza en acción.

En distintas tradiciones, la imagen de la rueda sirve también para hablar del destino, de la ley, del ciclo de las existencias o del despliegue de la verdad. En el caso de los chakras, designa una serie de centros de fuerza o vórtices presentes en los cuerpos sutiles del ser humano, y particularmente perceptibles en el doble etérico.

Para una visión clarividente, estos centros pueden aparecer como pequeñas concavidades, embudos, torbellinos luminosos o flores radiantes. Cuando están poco desarrollados, se asemejan a simples círculos débilmente iluminados. Cuando están despiertos y plenamente activos, pueden parecer pequeños soles vivos y resplandecientes.

Los chakras como unión entre lo terrestre y lo celeste

Dicho de otro modo, el ser humano no está separado de la energía divina. La transporta. Toda su estructura está organizada para llevar la llama divina, la conciencia, el amor y la vida.

Desde esta perspectiva, los chakras forman parte de una arquitectura sagrada. No son elementos aislados de nuestro organismo sutil, sino centros vivos gracias a los cuales la energía espiritual puede descender, circular, encarnarse y irradiar.

La sushumna, el canal central, así como los principales chakras, constituyen el eje de esa unión. Gracias a ellos, la energía de vida no permanece abstracta: se convierte en presencia activa en el ser encarnado.

La sushumna y los siete chakras principales

La tradición enseña que existen siete chakras principales, directamente relacionados con la sushumna, el gran canal energético vertical.

Estos siete centros son:

  • el chakra de la base, Muladhara
  • el chakra del hara, Svadhisthana
  • el chakra del plexo solar, Manipura
  • el chakra del corazón, Anahata
  • el chakra de la garganta, Vishuddha
  • el chakra de la conciencia o tercer ojo, Ajna
  • y el chakra de la corona. Sahasrara

Otras tradiciones utilizan denominaciones ligeramente distintas, pero el principio sigue siendo el mismo: se trata de grandes centros de fuerza distribuidos a lo largo del eje del cuerpo, en estrecha relación con la columna vertebral y con la organización sutil del ser humano.

Un octavo chakra: Tekla

Si la tradición más conocida habla de siete chakras mayores, algunas enseñanzas evocan la existencia de un octavo chakra, llamado Tekla, situado aproximadamente a cincuenta centímetros por encima del cráneo.

Este centro fue revelado por el Maestro Jesús a sus discípulos más cercanos. Su posición, fuera del cuerpo físico, sugiere una función más directamente ligada a la apertura trascendente, a la supraconciencia y a ciertos niveles muy elevados de la relación entre el alma y lo divino.

Aunque no siempre se mencione en las presentaciones clásicas, su existencia amplía nuestra comprensión del ser humano y recuerda que la anatomía sagrada no es un sistema rígido ni cerrado.

Chakras principales y chakras secundarios

Además de los chakras principales, existen también chakras secundarios, más exteriores, pero siempre ligados a los centros mayores.

Así, los chakras de las caderas, de las rodillas, de los tobillos, de los dedos de los pies y de sus articulaciones prolongan el chakra de la base. Del mismo modo, los chakras de los hombros, de los codos, de las muñecas, de los dedos y de sus articulaciones prolongan el chakra del corazón.

También en relación con el corazón, se mencionan dos chakras secundarios importantes: el chakra del timo, llamado a veces corazón kármico, y un centro en vías de desarrollo llamado corazón espiritual, situado a la derecha del corazón físico.

Esto muestra que el sistema de chakras no se limita a siete puntos aislados. Se trata de un conjunto vivo, más amplio, estructurado por prolongaciones, enlaces y centros complementarios.

Los chakras como vínculo entre los distintos cuerpos del ser

Para los terapeutas egipcios, esenios y orientales, cada chakra representa mucho más que un simple punto energético localizado. Cada uno es una central de fuerza que une entre sí los distintos cuerpos del ser humano.

Esto significa que los chakras vinculan el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral, el cuerpo mental y, en ciertos casos, niveles aún más elevados como el causal.

Son lugares de paso, de intercambio, de traducción y de armonización entre las diferentes dimensiones del ser.

También relacionan al ser humano con las energías del cosmos. Por eso se dice que están constantemente alimentados de prâna y de akasha, dos elementos esenciales para el mantenimiento de la vida y de su inteligencia.

Forma y funcionamiento: embudo, fuente y pistilo

Los textos esenios y egipcios ofrecen una descripción muy precisa del funcionamiento de un chakra.

Según esta percepción, cada chakra desempeña:

  • un papel receptor en la parte posterior del cuerpo, donde se presenta como un embudo que penetra en el organismo;
  • un papel emisor en la parte delantera, donde evoca más bien una fuente o un chorro de energía.

En el centro de este conjunto aparece una especie de pistilo, más o menos radiante y dinámico, que hace perceptible el chakra tanto por delante como por detrás.

Es esta presencia central la que ha contribuido a comparar el chakra con una flor. Y esta imagen no es solamente poética: en numerosas tradiciones, cada chakra es efectivamente descrito como una flor dotada de un cierto número de pétalos, cada uno con funciones específicas en los niveles vital, emocional, mental o causal.

Una flor más o menos abierta

Para comprender el estado de un chakra, la imagen de la flor resulta especialmente reveladora.

Del mismo modo que una flor puede estar cerrada, entreabierta o completamente desplegada a la luz, un chakra puede estar más o menos abierto, activo, congestionado, debilitado o armoniosamente desplegado.

También puede compararse con el diafragma de un objetivo fotográfico. Cuando se abre, sus pétalos se apartan y la luz puede pasar mejor. Lo mismo ocurre con el chakra: cuanto más armoniosamente desplegado está, más libremente circula la energía.

Por eso los chakras son valiosos testigos del estado de salud de una persona, no solo en el plano físico, sino también en los planos emocional, psicológico y espiritual.

Chakras, glándulas y cuerpo físico

Uno de los puntos más importantes de todas estas enseñanzas es la relación entre los chakras y las glándulas endocrinas.

Los principales chakras están directamente relacionados con las glándulas, que desempeñan el papel de puertas vibratorias entre la estructura espiritual del ser y su estructura fisiológica.

Dicho de otro modo, las glándulas son puentes entre la energía sutil y el cuerpo funcional. Lo que ocurre en un chakra influye en la glándula asociada, y lo que ocurre en la glándula influye a su vez en el cuerpo, en las emociones y en la psique.

Cuando un chakra funciona mal, la glándula correspondiente puede verse perturbada. Esta transmite entonces el desequilibrio a través de las hormonas que vierte en la sangre. Esas hormonas afectan después a otros sistemas del cuerpo y también al estado psíquico de la persona.

Todo está relacionado. Lo energético, lo fisiológico, lo psíquico y lo espiritual forman una sola estructura.

No existe ninguna separación

Los textos insisten con fuerza en esta idea: no existe ninguna separación.

No hay, por un lado, un ser espiritual abstracto y, por otro, un cuerpo material separado. El ser espiritual y el ser encarnado son uno. Los chakras no son accesorios añadidos al ser humano: forman parte de su estructura divina y humana a la vez.

A través de ellos, el alma, la personalidad, la luz, la sombra, las emociones, la conciencia y la materia se encuentran y se comunican.

Trabajar con los chakras no significa huir de la encarnación, sino comprenderla mejor y alinearla.

Yin, yang, Ida y Pingala

Los textos recuerdan también que los chakras expresan la polaridad del yin y del yang, así como el juego de los nadis Ida y Pingala.

Todos los chakras transportan la vibración del rayo de oro y del rayo de plata. El rayo de oro representa el amor, la acción justa, la dimensión crística y el principio yang. El rayo de plata representa la receptividad, la visión y el principio yin.

Estas dos corrientes están presentes en todos los chakras. Pero también se subraya que, antes de explorar niveles demasiado sutiles de receptividad, es importante purificar estos centros, desintoxicarlos, reencontrar la fuerza del amor y anclar primero la energía del rayo de oro, el de la acción alineada.

Los chakras y sus colores

La tradición moderna asocia generalmente un color a cada chakra. Las enseñanzas esenias y egipcias están de acuerdo con este principio, pero van más lejos.

Enseñan que cada chakra puede percibirse en uno u otro de los siete colores del arco iris según el nivel desde el cual se lo observe.

Esto significa que el esquema clásico de colores describe sobre todo la percepción de los chakras en el nivel etérico. Pero si se observa ese mismo chakra desde el plano astral, mental u otros niveles más sutiles, su manifestación cromática puede variar.

Un chakra no es, por tanto, simplemente un disco de un único color fijo. Es una realidad multidimensional, rica, compleja y viva.

Desarrollo de los chakras y evolución humana

Todos los chakras están activos en cierto grado en todos los seres humanos. Sin ellos, el cuerpo físico no podría ni mantenerse ni recibir adecuadamente la energía de vida.

Pero su grado de actividad varía enormemente. En una persona poco desarrollada, están apenas lo bastante despiertos para dejar pasar el mínimo necesario. En una persona más evolucionada, brillan más, se vuelven más dinámicos y dejan pasar un flujo mucho mayor de energía vital y de influencias superiores.

De ello resultan una mayor sensibilidad, una conciencia más amplia, más fineza interior y más posibilidades de percepción.

¿Los chakras dependen de la moralidad?

Algunas tradiciones han querido asociar cada pétalo de un chakra a una cualidad moral particular. Pero la observación directa no parece confirmar una correspondencia tan simple.

Una persona puede tener ciertos chakras muy activos sin poseer por ello una elevación moral excepcional. A la inversa, una persona de gran nobleza espiritual puede presentar ciertos centros todavía poco vitalizados.

Esto invita a la prudencia. El desarrollo energético y el desarrollo moral no son exactamente una sola y misma cosa, aunque puedan influirse mutuamente. Los chakras expresan fuerzas, aperturas, sensibilidades y potenciales, pero no bastan por sí solos para medir la calidad espiritual de un ser.

El papel terapéutico de los chakras

Para todo terapeuta energético, el conocimiento de los chakras es fundamental.

Aprender a localizar su nivel de funcionamiento, a detectar si están abiertos, congestionados, debilitados o desequilibrados, forma parte de las bases del trabajo terapéutico. Esto puede hacerse a través de la lectura del aura, pero también, a menudo de forma más simple, mediante la palpación etérica.

Además, dado que cada chakra está vinculado a una glándula endocrina y rige todo un sistema, la alteración de una glándula invita naturalmente a observar el chakra correspondiente. E, inversamente, la alteración de un chakra puede repercutir en la glándula y en todo el sistema que esta gobierna.

El chakra aparece así como el gran vínculo entre los niveles vibratorios superiores del ser, el cuerpo físico y el principio de vida.

Los chakras como testigos de la salud global

Los chakras son, en el fondo, grandes testigos del estado global de una persona.

Reflejan:

  • su estado físico,
  • su equilibrio emocional,
  • su actividad mental,
  • su orientación espiritual,
  • su apertura al amor,
  • pero también sus bloqueos, sus sombras y sus zonas inconscientes.

Por eso trabajar sobre ellos no tiene nada de superficial. Es tocar una de las grandes claves de la relación entre el cuerpo, la psique y el alma.

Conclusión

Los chakras son mucho más que simples centros energéticos en el sentido simplificado del término. Son ruedas de vida, flores de conciencia, altares interiores y puentes entre lo humano y lo divino.

A través de ellos, el ser humano recibe, transforma y emite la energía de vida.
Vinculan entre sí los distintos cuerpos sutiles.
Unen la dimensión espiritual con la fisiología.
Conectan al individuo con el cosmos.
Y revelan, en su apertura o en su cierre, el estado profundo de su salud y de su conciencia.

Comprender los chakras es comprender que no existe ninguna separación entre el cuerpo, el alma y el espíritu. Es reconocer que somos una sola estructura viva, multidimensional y sagrada.

Y es recordar que, en lo más profundo de nosotros, la energía divina no está lejos: ya circula.

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